– Mph, solo me tomaste un poco por sorpresa. Eso es todo – suspiró, buscando sonar un poco molesto, pero no pudo evitar que una suave risita saliera de sus labios. – Aunque no me molesta seguir aprendiendo más de ti. –
– Ahh… y luego dices que yo soy el cursi – comentó, manteniendo la cercanía entre ambas mejillas. Sus movimientos se habían detenido, pero ahora Kiyomitsu se encontraba recargado al contrario, manteniendo su abrazo. Se sentía seguro y tranquilo. – Tampoco me molesta quedarme así. –
– Ah, ya veo… – aquellas palabras y la risita ajena hicieron que una suave y cálida sensación se esparciera por su cuerpo… ¿Sería cariño, tal vez? ¿El mismo cariño que sentía por sus demás compañeros? No, era de otro tipo, aunque era demasiado terco como para darse cuenta de lo que sentía.
– Siempre serás la espada más cursi que exista, Kiyomitsu. – bromeó, su abrazo haciéndose más apretado, pero no lo suficiente para que perdiese su delicadeza. – Mh, eso es bueno… Estar así se siente… bien, de algún modo. – mientras le abrazaba, una de sus manos, temblorosa, se atrevió a acariciar son suavidad la nuca ajena y las pequeñas hebras de cabello contrarias que allí habían. Como siempre lo había sabido, Kiyomitsu tenía una piel muy suave al tacto, y era esa misma suavidad la que lo hacía querer protegerle de todo daño. Abrazarlo era como sostener un tesoro muy frágil, aunque también sabía que la uchigatana era una de las más fuertes que conocía.
Put “Marry Me” in my ask and see how my muse reacts
– ¿Estás seguro, Horikawa-kun? – así no iba el guión. De hecho, nunca leyó nada de este porque prefería estar ocupado entrenando o haciendo labores hogareñas en la ciudadela. Al parecer, la obra de Hasebe sería un desastre. (?)